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¿Qué piensan los bebés?

Jul 8, 2024 | Bebés

Desde el nacimiento, los bebés experimentan sensaciones que les hacen reaccionar de una forma u otra. Sin embargo, hasta que empiezan a hablar, los padres no tienen idea de lo que están pensando. Por ejemplo, ríen sin razón aparente o tiran sus juguetes al suelo repetidamente.

Los bebés no piensan como los adultos, ya que sus cerebros están en pleno desarrollo hasta aproximadamente los seis años. El 90% de las conexiones neuronales se forman antes de los tres años, y el 10% restante ocurre entre los tres y seis años.

Aunque no piensan como una persona mayor, los bebés piensan desde el momento en que nacen. Estos primeros pensamientos, llamados protopensamientos, se basan en sensaciones, ya que los niños tan pequeños no son capaces de especificar todo lo que perciben con palabras o imágenes. Las mentes de los bebés son sensibles a lo que ocurre a su alrededor, pero no son conscientes, ya que aún no pueden razonar o memorizar como un adulto. Las primeras ideas que entran en la cabeza de un bebé están vinculadas a experiencias corporales: hambre, frío, comodidad, sueño, etc.

A partir del cuarto mes, los bebés comienzan a hacer movimientos voluntarios y pueden observar su entorno desde una posición de mayor conciencia. En esta etapa, empiezan a ser conscientes de lo que sus cuerpos son capaces de hacer y aprenden a aprovecharlo. Este nuevo interés por el movimiento inicia su desarrollo cognitivo. En otras palabras, el desarrollo psicológico de los niños evoluciona en paralelo con su desarrollo biológico, y uno necesita del otro para un desarrollo infantil óptimo.

Bebé mirando los juguetes

Las capacidades mentales de los bebés aumentan con la estimulación sensorial y las experiencias a las que están sujetos sus cuerpos. Cuanto más descubren del mundo, más aumentan estas experiencias vividas.

Acceso a página de estimulación temprana

Los humanos nacen con muy pocas habilidades y dependen totalmente de sus padres durante sus primeros meses. Sin embargo, sus cerebros tienen una gran capacidad para producir respuestas a los estímulos ambientales. Las mentes de los bebés son como esponjas, y entre los cuatro y cinco meses ya han aprendido la relación de causa y efecto.

Entre los seis y siete meses, su memoria comienza a desarrollarse y son conscientes de los resultados de sus acciones. Empiezan a asociar ciertas actividades con sensaciones agradables o con cosas que no les gustan. Por ejemplo, cuando juegan se sienten bien, pero cuando tienen hambre se sienten incómodos. Comienzan a recordar diferentes experiencias que les hacen sentir de manera similar.

A partir del primer año, los niños empiezan a aprender a hablar. A medida que crecen sus habilidades lingüísticas, se forman conexiones neuronales entre palabras y objetos. Comienzan a investigar las relaciones de causa y efecto de sus acciones y empiezan a actuar intencionalmente. Tirarán juguetes al suelo repetidamente para ver cómo caen y agitarán un sonajero para escuchar el ruido que hace. Estas son conductas que implican una acción que ahora reconocen y repiten una y otra vez para comprobar que sucede de la misma manera cada vez.

Alrededor del año y medio, comienzan a desarrollar la capacidad de representación o función simbólica. En este momento, asocian palabras con ciertos objetos. Por ejemplo, dirán «guau-guau» para significar un perro e imitarán comportamientos que ven, como poner a dormir un osito de peluche. Durante esta etapa, comienzan a desarrollar simpatía y muestran empatía por los demás.

A partir de los tres años, son conscientes de ciertas reglas básicas y pueden hacer lo que se les dice. Siguen percibiendo las cosas a través de sus sentidos, pero aún no comienzan a pensar lógicamente porque no saben cómo averiguar por qué suceden las cosas. Piensan simbólicamente, basándose en la creatividad y la fantasía.

Entre los cinco y seis años, los niños desarrollan una capacidad de razonamiento similar a la de los adultos.

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